El cuerpo como inteligencia viva. Sentir la existencia desde dentro.

He tenido una experiencia corporal muy curiosa, que aún me cuesta poner en palabras.

No porque sea confuso, sino porque fue extrañamente claro.

Sé que no fue un pensamiento, ni una interpretación.

Fue una percepción.

Hace unos días atrás, me recosté un momento porque me sentía baja de energía, con una especie de somnolencia suave.

Recuerdo que cerré los ojos sin buscar nada en particular.

No estaba meditando, no estaba intentando “conectar”, no estaba esperando una experiencia especial. Solo descansando.

Y entonces, de pronto, ocurrió algo totalmente inédito para mí.

Sentí que estaba dentro de mi cuerpo 🤯

No estaba pensando “en mi cuerpo” o “estoy dentro de mi cuerpo”, sino habitándolo desde adentro, como si mi conciencia hubiera descendido a un territorio que siempre ha estado ahí, pero que nunca había visitado con presencia real.

Recuerdo que llevé toda mi atención a mis piernas, y pude percibirlas internamente.

Percibí mis huesos, mis músculos, la sangre subiendo y bajando. No como una imagen mental elaborada, sino como una sensación corporal directa.

Guiada por una curiosidad total, después llevé la atención a mis órganos.

Podía percibir mi corazón palpitando, mis pulmones expandiéndose y contrayéndose, mi cerebro moviéndose suavemente como si fuera una gelatina.

Y aquí viene lo más sorprendente.

Nada de lo que percibía en mí se sentía neutro. ¡Sentía todo vivo!

Recuerdo que, al ponerle atención a mis pulmones, tuve la sensación de que estaban … felices 😍.

Es extraño decirlo así, pero esa es la palabra que mejor lo describe.

Era como si tuvieran una cualidad luminosa, casi infantil, como si algo se hubiera regenerado en ellos y ahora fueran como bebés.

Luego, cuando llevé mi atención al corazón, la sensación que sentí fue aún más intensa.

Una suerte de alegría profunda, como si el corazón estuviera bailando en cada palpitar.

Y experimenté una ternura indescriptible, inexplicable para la mente lógica.

El cuerpo como territorio vivo

Lo que esta experiencia me dejó no fue una conclusión mental, sino una sensación de desplazamiento interno.

Porque lo que usualmente hacemos las personas es tratar al cuerpo como un objeto. Algo que se usa, que se cuida, que se enferma, que se sana.

Pero ese día mi cuerpo no fue objeto, sino sujeto.

Fue el hogar, el templo, que realmente es. Que siempre ha sido.

Fue presencia total.

Fue inteligencia somática anterior al lenguaje, anterior al pensamiento.

Una especie de inteligencia orgánica. Y la sentí como la vida sabiendo vivir.

Y entonces apareció algo más.

Una luz dorada, suave, expandiéndose desde dentro hacia afuera.

No como un símbolo esotérico, sino como una sensación física de energía vital.

En toda esta experiencia la mente no estaba dirigiendo nada.

No estaba narrando ni tratando de explicar.

Estaba silenciosa, observando.

Y quizás esto fue lo más radical. Fue una experiencia que ocurrió sin mediación.

Esta experiencia no fue misticismo, sino vida encarnada

Quiero ser clara en este punto.

La experiencia que relato no la escribo desde una estética new age, ni desde la idea de que el cuerpo “emite luz” como metáfora espiritual.

Lo que trato de transmitir es más simple y sensitivo.

Una experiencia personal de cuando mi cuerpo fue anterior a la narrativa de mi mente.Porque,

Antes de que exista el relato, está mi respiración.

Antes del concepto, está mi latido.

Antes de la interpretación, está mi existencia.

Pero, tal vez, los seres humanos hemos olvidado eso.

Quizás esta experiencia también sea parte del "después de la mente"

No sé aun que abre exactamente esta experiencia en mí, y tampoco tengo premura por saberlo.

Vivir desde el cuerpo vuelve entretenida la incertidumbre, la vuelve una serendipia.

Pero sí puedo ver lo qué se está cerrando, aunque sea por un instante:

el dominio absoluto de la narrativa, el secuestro mental de la experiencia.

Percibo en mi intimidad que habitar el cuerpo no es una técnica.

Es un cambio de eje ontológico, al más puro estilo de Don Juan Matus.

Una manera distinta de existir.

Y entonces me toca acostumbrarme a este tipo de experiencias, como parte de esta nueva forma de habitar mi vida.