Acabo de terminar la última temporada de Stranger Thingsy, como suele ocurrirme con ciertas historias, algo quedó resonando más allá de la trama hollywoodiense.
No fue la acción, ni la nostalgia ochentera, ni siquiera los elementos sobrenaturales. Fue William Byers. Más precisamente, lo que este personaje muestra sobre las capacidades humanas.
En este post quiero detenerme en Will, no para analizar la serie, sino para reflexionar sobre el rol que pueden llegar a jugar el miedoy el doloren nuestras vidas cuando dejamos de verlos solo como algo que hay que evitar o eliminar.
Vamos allá …
William Byers
Desde el inicio de la serie, se muestra que Will es un niño profundamente sensible. Alguien que se siente distinto del resto de sus amigos y compañeros, aunque no sabe explicar por qué.
Esa diferencia lo vuelve vulnerable, pero también lo expone a experiencias extremas: miedo intenso, soledad, y dolor psíquico profundo.
Claramente no es un héroe clásico. No es fuerte, no es dominante, ni líder.
Más bien, se podría decir que es alguien que resiste la vida. Y es precisamente en esa resistencia donde encuentro un dato interesante de analizar respecto a nuestra naturaleza.
El concepto junguiano de «Sombra»
En la psicología profunda del famoso psicoanalista suizo Carl Gustav Jung, existe un concepto llamado Sombra.
La sombra no es algo “malo”. Es un aspecto de nuestro inconsciente donde queda almacenado todo aquello que no “encaja” con la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Emociones incómodas, miedos, fragilidades, impulsos que no se ajustan a nuestras creencias de lo que «deberíamos ser». Y, por esto mismo, la mayoría de las personas tratamos de reprimir nuestras propias sombras.
Pero Jung nos propone hacer algo distinto con nuestra sombra. Nos invita a conocerla e integrarla en nosotros mismos, a través del autoconocimiento,porque en ella hay energía vital no utilizada.
La sombra de Will Byers
En el caso de Will, su sombra no se expresa como agresividad o violencia, sino como miedo, hipersensibilidad y dolor sostenido.
Considerando los eventos «apocalípticos» que le toca vivir, Will no tiene forma de huir y, por tanto, no tiene más alternativa que enfrentar y atravesar su sombra.
Y al hacerlo, curiosamente, algo se activa en él.
Si recuerdas, su miedo y dolor no lo destruyen, sino que “activan” una capacidad distinta de percibir la realidad.
Will comienza a sentir, a captar y a habitar dimensiones que otros no pueden. No porque sea especial en un sentido grandilocuente, sino porque su experiencia interna lo llevó a otro umbral de sensibilidad.
La relación entre percepción y conciencia humana
Desde una aproximación transpersonal, que entiende al ser humano más allá del ego y la personalidad, es posible observar cómo experiencias límites pueden actuar de “portales” para expandir nuestra conciencia.
No porque el dolor sea deseable, sino porque cuando no queda otra opción que sentirlo (como es el caso de Will), ocurre que se quiebra la identificación con la superficie de nuestra identidad.
Cruzamos un umbral interno. Y algo más profundo empieza a funcionar.
Quizás estás intuyendo, entonces, que la conciencia no es un subproducto del cerebro, como bien lo señaló el renombrado neurofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg a fines de los 80′, sino una capacidad que tenemos las personas para interactuar con la realidad.
Cuando la percepción se amplía, a raíz de una experiencia de miedo y dolor, la realidad se nos presenta de una forma distinta.
En Will, el miedo extremo y sostenido modifica su forma de percibir el mundo. Accede a información que otros no pueden registrar. Al principio no controla esto, simplemente le ocurre.
En otras palabras, podríamos decir que el contexto llevó a Will a un estado extremo, fuera de su equilibro habitual.
Y cuando una persona sale de sus condiciones normales, aparecen comportamientos nuevos, impredecibles. El miedo y el dolor funcionan, en este sentido, como fuerzas que sacan al ser humano de su configuración automática.
Sobre el miedo y el dolor
Quiero detenerme en un asunto relevante para evitar malos entendidos.
En esta reflexión no estoy tratando de romantizar el sufrimiento. El miedo no es algo bueno en sí mismo. Más bien todo lo contrario. Puede generar problemas importantes en todo nuestro sistema si se vive de forma sostenida en el tiempo.
El punto es que cuando el miedo y el dolor están, cuando ya son parte de nuestra experiencia, desde una perspectiva evolutiva, podemos resignificarlos para que actúen a nuestro favor.
No como castigo, no como falla, sino como señales de que algo profundo en uno mismo está pidiendo ser observado. Esa es la sombra del inconsciente pidiendo luz e integración.
Will no “supera” el miedo. Tampoco lo convierte en épica. Convive con él.
Y en esa convivencia ineludible, su sensibilidad se vuelve un puente hacia una forma distinta de estar en la realidad. Y esta es la clave que más resonó en mí respecto de este personaje: no todos los dones aparecen, o se activan, como “luz”, algunos emergen de la incomodidad y del dolor de no encajar.
En este tipo de experiencias, parece que el trabajo interno que nos toca hacer no es “sanar” o “eliminar” el miedo y el dolor, sino atravesarlos para que así se muestre nuestra sombra, y podamos integrarla.
Gracias Will por tu enseñanza ✨
Observar a Will desde esta perspectiva me ha permitido ampliar mi comprensión sobre la naturaleza del ser humano y el valor de las experiencias, sobre todo las más intensas.
Me recuerda que aquello que más duele o asusta no siempre es un error a corregir.
A veces es una puerta.
No hacia una versión idealizada de quién somos, sino hacia una comprensión más amplia, más humana y más profunda de nuestra propia experiencia.
Porque, como nos muestra Will, es justamente ahí donde algo comienza a transformarse.

